Bárbara Díaz Sacco
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Belleza

10.05.2018

Guía definitiva para elegir y aplicar tu crema hidratante

En invierno nuestra piel sufre más de la cuenta; rojeces, resequedad, tirantez e irritación son solo algunos de los efectos que aparecen con el frío. ¿Qué producto elegir y cómo aplicarlo? Aquí te lo contamos.

Guía definitiva para elegir y aplicar tu crema hidratante

LA REGLA BÁSICA

El primer paso, y probablemente el más importante, es saber que las cremas hidratantes deben aplicarse sobre el rostro limpio. Los restos de maquillaje y polución se van acumulando en la piel produciendo impurezas y exceso de sebo, y las células muertas van generando una capa que entorpece su regeneración. Si aplicas la crema hidratante sobre un rostro lleno de impurezas, le será imposible penetrar correctamente y cumplir con sus funciones.

LA CANTIDAD JUSTA

Muchas mujeres solemos pensar que entre más crema hidratante usemos, mejores serán los efectos. ¡Error! Si aplicas más producto de la cuenta tu piel no lo absorberá, lo que se traduce en exceso de brillo y sensación de incomodidad. En términos generales, el tamaño de referencia es el de un garbanzo para todo el rostro.

¿CUÁNDO APLICARLA?

Con la cantidad de cosméticos que tenemos resulta complicado aplicarlos en el orden adecuado. La regla básica es ir de menos a más, es decir, del producto más ligero al más untuoso; primero el limpiador, luego el tónico, después el sérum facial, el contorno de ojos y, finalmente, la crema hidratante.

PARA CADA PIEL, UNA NECESIDAD

Identificar tu tipo de piel es el primer paso para lucir un cutis sano, luminoso y con la menor cantidad de imperfecciones. Averigua cuál es el tuyo con esta práctica guía:

  • Piel grasa: se caracteriza por sus poros abiertos o dilatados, por lucir un aspecto brillante y un tacto aceitoso. (Dentro de este tipo de piel se desglosan otras subcategorías: piel grasa seborreica, deshidratada, asfíctica, etc).
    ¿Qué necesitas? Una crema que combine sustancias reguladoras de las secreciones sebáceas (zinc, azufre), purificantes (ácido salicílico, ácido láctico) y matificantes. Dicha fusión controla la aparición de sebo, evita las impurezas y camufla los brillos.
  • Piel normal: sus secreciones son equilibradas y no suelen presentar alteraciones (no hay rojeces, irritaciones o granitos). Los poros no se muestran abiertos, su aspecto es luminoso y el brillo moderado. Además presenta un color uniforme.
    ¿Qué necesitas? Una crema hidratante al 100%, en las que predominen sustancias como el aloe vera o el ácido hialurónico.
  • Piel sensible: en ella suelen aparecer con facilidad granitos, rojeces y picores. Además, son las pieles con mayor tendencia a irritarse.
    ¿Qué necesitas? Una crema que mezcle sustancias calmantes (como la caléndula) con otras que ayuden a fortalecer las defensas cutáneas (como el aloe vera).
  • Piel seca: presenta poros bastante cerrados, aspereza, pérdida de flexibilidad y un aspecto mate. (Dentro de este tipo de piel están la alipídica y la deshidratada).
    ¿Qué necesitas? Una crema que combine activos anti-edad (como el retinol), antioxidantes (como el té verde o el reverastrol) y ceramidas y lípiodos que nutran la piel.
  • Piel mixta: alterna características de las pieles secas y grasas. Podrás distinguir zonas de poros muy cerrados y otras con poros más abiertos (suele ser la zona T: frente, nariz y mentón).
    ¿Qué necesitas? Una crema emoliente para las zonas deshidratadas (cuello, mejillas) y que limite la producción de sebo para el resto. Es importante que contenga una gran cantidad de agua, cuanta más ¡mejor!
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