Amparo Hernández
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Belleza

13.08.2018

Por qué dije sí al botox

Me atreví a probar el “satanizado” botox. Y no, mi cara no quedó estirada, quedo descansada. Aquí les cuento cómo es el procedimiento.

Por qué dije sí al botox

Tengo 34 años y crecí escuchando que el botox te deforma la cara, te deja sin expresión y que te dispara una ceja en algunos casos causando una asimetría evidente en la frente.

Muchos se avergüenzan de decir que se han aplicado la famosa toxina botulínica pero lo hacen igual a escondidas. Cuando vemos a una persona con una cara muy alejada a su edad real, inmediatamente piensas… ¡Se puso botox!

Y bueno, ¿qué tiene de malo querer atenuar arrugas o prevenirlas si la intervención está bien hecha? Además, convengamos que la tecnología ha avanzado, así que en los últimos 30 años estoy más que segura que los métodos han evolucionado.

Reconozco que me daba miedo. Es más, me arrepentí cuando ya tenía todo avanzado con la especialista y cancelé mi hora. Pero lo pensé nuevamente. Averigüé con una amiga, que tiene dos años menos que yo, y que ya lo había hecho, y me dijo que no me arrepentiría. Así que lo hice.

Llegué a la Clínica Terré a atenderme con la médico cirujano Paula Vergara y antes que nada, ella se sienta contigo a conversar: te pregunta qué haces y por qué estás ahí y se asegura que no tengas una razón de fuerza mayor, como un evento importante, para querer inyectarte la toxina botulínica. “Tienen que ser dos semanas antes para alcanzar a corregir”, si ese fuese el caso me explica.

Después de 20 minutos de conversación te llevan a la sala de procedimientos. Siguiente paso: las fotos. Mira de frente. Enójate. Levanta las cejas al máximo. Cierra fuerte los ojos. Listo. Pasemos a la camilla.

Y aquí comienza otro pequeño interrogatorio. “Le tenemos que preguntar a los pacientes algunos antecedentes porque hay cosas que están contraindicadas. ¿Eres alérgica, al huevo?”, comienza la doctora.

¿Por qué al huevo? “Porque el botox es a base de albúmina que es de huevo, así que si tienen alergias severas es mejor no aplicar”.

“¿Has tomado antibióticos en los últimos días? Porque algunos interactúan con el botox y pueden acentuar su efecto”. Y luego partimos.

Como en cualquier tratamiento inyectable, hay riesgo de infección, por eso te aplican en las zonas a intervenir alcohol y además te ponen hielo. “Con el botox usamos una aguja muy, muy pequeña, incluso más chica que la que ocupan los pacientes de insulina o de las vacunas, pero obviamente duele. Pero el hielo es más que suficiente”.

“Ahora, bien enojada. Relaja…”. Y sigo las indicaciones.

La doctora Vergara no marca con puntos las zonas donde colocará el botox. Ella nota a la vista, con esos movimientos que te pide hacer, cuáles son las zonas de riesgo y cuáles son las zonas a tratar.

Cuando sentí el primer pinchazo, volvió la duda y empecé nuevamente con las preguntas. ¿Voy a quedar con marcas?

“El botox no genera efecto relleno, por lo tanto acá no hay que modelar nada. Lo que sí es que como el botox va en un suero diluido, eso da volumen y el paciente se puede ver un cototito y se preocupa, pero eso se absorbe y pasa en cosa de minutos”.

“Entrecejo listo”.

“Aprieta fuerte tus ojos… ahora relaja”. Hago caso y sigo escuchando la explicación:

“Al pedirte que hagas ese movimiento veo cómo se mueve tu músculo y veo cuáles son las zonas que voy a tratar. El botox lo que hace es bloquear la unión del nervio con el músculo. Es como que lo desenchufara, lo relajo. Si te coloco mucho botox, lo paralizo porque bloqueo todos los receptores. Si pongo un poco, solo lo relajo”. Y ese fue mi caso. En todas las zonas tratadas –patas de gallo y entrecejo- puso 0,5 ml y tardó menos de cinco minutos.

Después de los pinchazos, los cuidados posteriores son mínimos: no tocar mucho la zona. La doctora Vergara me explica que “a veces se dice que no hay que hacer movimientos bruscos por dos o tres horas y no hacer fuerzas, pero no hay ningún estudio que avale eso”. En mi caso, lo único que me pasó fue un leve dolor de cabeza en las horas posteriores.

Pasadas justas dos semanas— que es cuando el producto hizo su máximo efecto— fui a control para revisar si todo estaba bien y, quizás, si faltó más. Y faltó más. Lo que me llevó a hacer otra pregunta. ¿Ahora voy a ser adicta?

“Si tú no te quieres poner nunca más en la vida, tu cara no quedará con efecto rebote ni se arrugará más. Lo que pasa es que uno se pone quisquilloso y se encuentra las arrugas mucho antes. Con botox uno se acostumbra a verse sin arrugas. ‘Con cinco minutos se me fue esta arruga por seis meses’ y uno se acostumbra a verse la cara descansada”.

El ajuste que me hizo la doctora Vergara era para reforzar lo realizado.

“En tu caso, que eres paciente joven, el músculo empieza a generar nuevos receptores y va a recuperar la actividad como a los cuatro meses y por completo a los seis meses. Eso es lo que dura tu músculo relajado o paralizado, pero eso no significa que al irse el efecto se va a ir la arruga. La arruga viene por efecto de un movimiento continuo. Si durante mucho tiempo no la has movido y mientras tanto te trataste con alguna crema, esa arruga se va a haber reparado”.

¿Por qué quise ponerme botox? Porque quiero prevenir. Por un lado tenía la línea del entrecejo muy marcada y, por otro, al reducir mis patas de gallo, mi mirada se verá más descansada. No tiene que ver simplemente con algo estético, sino que de seguridad personal, autoestima.

Ahora pueden pasar ocho meses o un año para volver a pensar en ponerme botox. Pero si me preguntan, ¿Lo volvería a hacer? Sí.

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