Amparo Hernández
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Tu cuerpo

30.08.2018

La semana detox de una food lover

Decidí aprender a alimentarme con la ayuda de una especialista. Aquí les cuento de qué se trata y cómo ha sido el proceso para esta mujer a la que le dicen: “Le das demasiada importancia a la comida”.

La semana detox de una food lover

No sé por qué me metí en esto. Soy una food lover. Amo comer. Amo tomar y preparar cocteles. Y en los últimos meses, desde que estoy en pareja, me encanta cocinar y tomar una copa de vino o espumante acompañado de quesos, mientras preparamos todo, juntos.

Pero decidí desafiarme. Incluso, mi pololo no me tenía nada de fe cuando le dije que iba a ir a ver la doctora Catalina Silva de la Clínica Terré. ¿Por qué? Porque sabe lo gozadora que soy y lo que me cuesta decir que no a la comida.

Es lunes y son las 12 en punto y ahí estaba yo en la Clínica Terré. Lo primero que hicieron al recibirme fue medirme. Sin vergüenza, les dejo mis resultados.

EDAD: 34 años
ALTURA: 1.75 cm
PESO: 67,7 kg
EDAD METABÓLICA: 42
COMPLEXIÓN FÍSICA: Obesa

Si me vieran, notarían que soy flaca y dirían, “¿¡dónde tienes grasa!?”. Tengo. Y el porcentaje que lanzó la medición dejó clarísimo que no me estoy alimentando bien.

Hago deporte, intento ir cinco veces a la semana al gimnasio. En el O2 Fit tienen unos microgimnasios bien entretenidos a los que me he hecho bien adicta— Burn y Race, mis favoritos.

Con resultados en mano, confirmo entonces que está bien que haya llegado donde la doctora Silva porque me va a enseñar a comer y a tener un cuerpo sano: bajar el porcentaje de grasa y subir la masa muscular.

“Tú tienes 33,7% de grasa y lo ideal es bajo 33 y, perfecto, perfecto, es bajo 30. Tenemos que bajar por lo menos 4 o 5% de grasa. Lo que nos juega en contra es que tenemos más grasa de la que deberíamos tener y eso arroja una edad metabólica de 42 años, me explica. Para calmarme me dice que los obesos tienen como 20 años más.

Y seguimos con el análisis:

“Más que fijarnos en el peso, porque estás en el peso normal, nos vamos a fijar en bajar entre 4 o 5% de grasa y balancear tu alimentación con el deporte. Tenemos que lograr que tu edad metabólica sea la misma porque sino se acumula. Si sigues a este ritmo vas a llegar a una edad metabólica de 50 y desarrollarás enfermedades antes de lo normal como diabetes, hipertensión o resistencia a la insulina”.

Todos los pacientes tienen que hacer una semana de detox. TODOS. Ahí morí. Le dije que no podía hacer esto sola, que necesitaba que mi pololo me acompañara. Ya veía que mientras yo tomaba un batido, él se comía unas tostadas con palta, una fruta y algo más para el desayuno. Así que mientras me explicaba en qué consistía la primera semana de shock, sumábamos a JR (Lo dejo con iniciales para que no me rete después por andar contando nuestra vida).

Apenas salí de la consulta compré por internet todas las verduras y productos que necesitaría a más tardar el martes, el DÍA 1.

Primer batido

Me acuerdo cuando mi mejor amiga hizo este mismo tratamiento y yo le decía, “me muero tomar espinacas con manzana molidas de desayuno”. Para mí las verduras son ensaladas. El apio va con la palta, el limón, el aceite de oliva y la sal, no con un pedazo de fruta.

Pero tenía que hacerme la idea y hacer mezclas que no fueran una tortura para mí.

Me enfrenté la mañana del martes a la licuadora y a los vegetales y fruta elegidas, más el almuerzo y colaciones (15 almendras… ¡qué es eso! Ni en una muela). Me lo tomé con desgano, a la mala. Mientras, JR, para subirme el ánimo me decía, “Te quedó súper rico. Piensa en los resultados”. Mi cara era esta:

Me fui al gimnasio, después a la oficina y oficialmente ya andaba “idiota”. Pensando en el hambre que tenía, en lo poco que había comido, en lo que se venía para el resto del día y, peor, ¡el resto de la semana! Cuando me encontraba con alguien le decía, estoy en el día uno de detox, así que “ando idiota. Cuidado”.

En todo caso, la doctora Silva me advirtió:

“La primera semana es de desintoxicación, la hacen todos los pacientes y es la única en la que somos cuadradas, cuadradas. Si te sales y te comes un chocolate, por ejemplo, me mandas un mensaje y empezamos los siete días de nuevo. Esta es la base del tratamiento, después podemos dar más libertades. La desintoxicación la hacemos en general porque acumulamos muchas toxinas y metales que producen enfermedades a largo plazo”.

Piensa en los beneficios Amparo, piensa en los beneficios. Pero no, pensaba en ¡comida!

Y más encima: “La primera semana te puedes sentir mal. Pasa entre el tercer y cuarto día: dolor de cabeza, andas cansada y andas irritable uno o dos días. Si te sientes mal no te fuerces demás”, me dice “Cata” (francamente ya la tengo que hacer mi amiga y tutear si soy capaz de mandarle Whatsapp como el que les muestro más abajo). Pero llevaba recién media mañana de detox y yo ya tenía todos los síntomas… según yo.

Y para hacerme sentir mejor, una amiga me escribió esto:

Pasó el día y llegué al depto. Y me esperaban dos cajas de frutas y verduras: manos a la obra. Lavar todo y dejarlo llegar y meter a la licuadora o al táper para llevar a la oficina. Durante todo ese proceso andaba cascarrabia y diciendo “¡¿Por qué estoy haciendo esto?!”.

JR solo me miraba y ayudaba a organizar nuestra nueva rutina: sin vino y sin quesos para picar mientras cocinábamos…

Comimos la papilla correspondiente a la comida. “Cata” me advirtió: “La noche es lo más difícil de la primera semana porque es lo mismo del almuerzo pero en papilla. Y tiene que ser de esa consistencia para que tu intestino no trabaje toda la noche y empieces a desintoxicar”.

Me fui a acostar rápido. Lo único que quería era dormir para no pensar en comida. Y ¡no podía dormirme! Y lo peor… empecé a sentir olor a cosas dulces, como a caramelo. Y JR me dice: “Le das demasiada importancia a la comida. Trata de dormir”.

Juro que a la mañana siguiente amanecí menos alegona… Un poco al menos.

Ahora a esperar el control en justo una semana, para pasar a la segunda fase de Equilibrio Vital.

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